El círculo virtuoso del enfoque profundo
Biggs (2005, p. 35) citado por Soler et al (2018) expone que:
El enfoque profundo se deriva de la necesidad sentida de abordar la tarea de forma adecuada y significativa, de manera que el estudiante trate de utilizar las actividades cognitivas más apropiadas para desarrollarla. Esto requiere un sólido fundamento de conocimientos previos relevantes, de manera que los estudiantes que necesitan saber tratan naturalmente de aprender los detalles, así como de asegurarse que comprenden.
El aprendizaje profundo permite la apropiación de
conocimientos declarativos y procedimentales con repercusiones de orden
condicional, que es cuando el alumno sabe cuándo, por qué y bajo qué
condiciones usar ese conocimiento; y de orden funcional, al hacer uso del
conocimiento declarativo, procedimental y condicional para resolver problemas
de su interés. Sin duda esto propicia el desarrollo de competencias
interpretativas, argumentativas y propositivas que le permite a quien posee
esos conocimientos indagar, explicar fenómenos y hacer un uso comprensivo de
los contenidos científicos.

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